Luminescent (SC)
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jueves, 10 de febrero de 2011

LAS ETAPAS DE UNA VIDA

     Soy Mari Ángeles, tengo 28 años y estoy orgullosa y feliz de la vida que llevo.

Mi hija es y está perfecta, cariñosa y de buenas notas.
Mi marido nos adora y el trabajo que tiene le realiza en lo profesional plenamente. Trabajamos en un negocio familiar, aportando una plena estabilidad en nuestro hogar.

     Llevamos una vida bastante ajetreada, siempre con el trabajo, las clases de violín de nuestra hija Andrea, sus otras actividades extraescolares, alguna salida esporádica con amigos hasta altas horas y otras con Andrea (siempre menos a menudo de lo que me gustaría).

     Aunque claro, ésto no siempre ha sido así, se podría decir que hace unos años ni imaginaba que ésto pudiera ser cierto nunca...
     Empezaré por el principio, en el momento clave en que mi vida cambió. En el momento que todo se derrumbó para poder volver a reconstruirse.

     He sido la típica niña de familia acomodada, mimada, buena hija (pues nunca he dado problemas a mis padres), fanática de las compras, salir con mi novio y amigas... Era una adolescente mas.
Mi vida giraba en torno a mi novio (el mas guapo malote del grupo), mis amigas (todas niñas anti-padres corta rollos y movilizaciones semanales de casa en casa buscando trapitos que cambiarlos y recombinar. Ésto último todo una hazaña) y mi moto (la cual me daba una libertad, una independencia absoluta) Regalo de mi complaciente padre. La que elegí, la envidia de todos.
      Nunca he sido de grandes notas, pero tampoco he necesitado copiar ni de chuletas para aprobar. Pasando desapercibida en el ámbito escolar, logré sacarme el módulo de Administración y Gestión de Empresas para en un futuro muy, muy lejano poder trabajar con mi padre y así con el tiempo, poder comprarme un piso y algún que otro capricho al que estaba acostumbrada.
    

     A los cuatro años de noviazgo, tanto fue el cántaro a la fuente que ésta se terminó rompiendo. Tanto amor, tanto que... quedé embarazada. Una con 18 años y el otro con 19. Con muchísimo amor, pero sin un duro, sin un techo y sin trabajo. El acababa de empezar la carrera de Derecho.
      ...Ése fue el peor momento de mi vida, decírselo a mis padres. Solo de pensar en que podía romperle el corazón a mi padre... Aún hoy se me quiebra la voz. Todavía me emociono al recordarlo...
No paraba de darle vueltas en como decirle a dos personas que te lo dan todo, que la niña ya no era tan niña, que ahora llevaba un bebe en su vientre (y es que aún tenía muñecas en mi habitación)
Deseando que al contarlo mi madre me acurrucara entre sus brazos y me tratase como siempre, como su niña y me lo solucionaran todo.
Pero en esos momentos pensaba que mi bebé pensaría lo mismo en su futuro, que los padres lo solucionamos todo y el mundo se me venía abajo de pensar que los padres eramos Antonio y yo... unos niños.
Mi familia ha sido siempre muy tradicional, nos educaron a mis hermanos y a mi en éso. Integrados en la iglesia, cristianos-practicantes, educada en un colegio de monjas y en contra del aborto, yo no sabía muy bien como darles "La Noticia", no quería imaginar como sería su reacción porque yo misma no concebía la idea del aborto.
     ... Tengo lagunas en mi memoria de aquella noche. Noche en la que mi novio como todo un caballero aguantó el chaparrón junto a mí. Nunca tendré con qué agradecer su apoyo, porque aparte de él y mi familia mas tarde descubriría que es el lo único que tendría.
Solo recuerdo un mar de lágrimas, miradas acusatorias, palabras de decepción y la cara de mi novio y la mía roja de la vergüenza (vergüenza de Qué? De llevar un bebé en mi vientre fruto del amor?)
La vergüenza es la sensación mas mala y angustiosa que hay, creo que jamás la he vuelto a sentir. 
Tras el huracán toca la reflexión, así que mis padres se fueron a su habitación, mi novio alargó todo lo que pudo el tener que irse a su casa, pero llegó el momento y allí me quedé, sola, sin saber que iba a pasar esa noche ni ninguna, pero escucho la voz de mi padre desde su habitación llamándome cariñosamente y yo que era una cría subo corriendo las escaleras corriendo hasta su puerta y escuché las palabras que mas necesitaba en ese momento.
-Ven acuéstate en la cama con tu madre y conmigo.
...Esas dulces palabras marcaron en mí un antes y un después. Ya nada fue lo mismo, jamás. Y fue ahí donde dejé de ser una niña para siempre.

     Lo que quedó de embarazo transcurrió entre la casa de campo de mis padres (donde estaba apartada de las miradas indiscretas) y la casa de mis suegros donde no nos faltaba el plato de comida.
Gracias a nuestros padres salimos adelante, éso si, de prestado. Nada era nuestro realmente y nos embargaba una gran desolación, aunque para el resto de la gente eramos unos afortunados, no nos faltaba de nada y todo costeado. Y yo pensaba ¿Esta es la vida que nos espera? Ésto no es vida ni para él, ni para nuestro bebé, ni para mí, así que había que hacer algo.

      Se decidió que nos casáramos antes de que se notara mucho el embarazo y digo decidió porque aunque estábamos muy enamorados, la decisión fue mas tratado de asunto de estado, que de pedida romántica y emotiva. Ni había tiempo para éso, ni tampoco hacía falta a esas alturas. Conscientemente no sabía las cosas que me perdía con cada cosa que no hacía.
La boda fue la que quisimos, preciosa, fue así aunque a mí me quedaba todo grande. Era la primera boda a la que iba en muchos años y todo era como un juego donde yo me sentía diminuta.
El vestido de novia. Uno que me pudiera disimular lo bastante el estado de mi tripa, para que no quedara muy rara y al cual semanalmente había que ir a sacarle cm tras cm. Mas que un vestido de boda, parecía el vestido de la 1ª Comunión. El novio estaba imponente.
La boda salió perfecta, el viaje de novios como no había dinero fue corto y ridículamente escueto, en casa de la hermana de mi padre, en Málaga, el peor recuerdo que tengo es de recién casados y durmiendo en una pequeña habitación de dos camas con dinosaurios en las colchas...

     Pero todo pasa y a todo se sobrevive si tu pareja y tú cuidáis el uno del otro. Y así es como ha sido. Hemos sobrevivido a todo aquello. Nació lo que le dio a todo sentido. Mi bebé, un ser de luz, perfecto, indefenso y era lo único que desde que empezó toda aquella movida que liamos, era mío, nuestro.
Aquel día comprendí algo... Da igual lo difícil que sea el camino, merece la pena realizarlo para llegar a la meta.
Aunque no tenía mucho para ofrecerle, éso si, tenía algo que me sobraba y eran mis fuerzas, mis ganas de luchar contra todo y las ganas que tenía de formar una familia, la necesidad de darle un techo propio, de darle una educación basada en las normas de su padre y las mías, es decir, formar un hogar, una familia.

      A raíz del nacimiento de nuestra niña se nos quitaron todas las tonterías de golpe. Antonio que estaba estudiando, estudiaba mas aún. Sacaba notas excepcionales con las circunstancias que teníamos y yo trabajaba en una empresa donde por un sueldo bajísimo ayudaba a poder juntar para lo que era nuestro sueño, tener nuestro piso.
También todo ésto acarreaba otros esfuerzos mas, como dejar de salir y claro ésto llevaba no tener contacto con nuestras amistades, así que éstas desaparecieron. Ahora nadie quería cargar para salir con una mamá tan joven y el carrito. No encajaba en su mundo. Aunque la verdad, sentía que no encajaba en ninguno. Con 20 años que tenía era la persona mas madura que conocía y... me enorgullecía de mí misma, pero, al mismo tiempo también lo odiaba.
  
     Hubo un tiempo en el que ya estaba harta, a punto de mandar mi matrimonio al garete. Harta de no ver la luz al final del túnel y viendo como había cambiado tanto mi vida que me odiaba por ello.
Pero llegó el día que tanto estábamos deseando, el piso de nuestros sueños. (Ya estábamos hartos de ver pisos que no se adaptaban a nuestros gustos o comodidades).
Así que con ayuda de LOS DE SIEMPRE, los que nos habían apoyado y lo poco o mucho que habíamos conseguido ahorrar, dimos una entrada y nos lo quedamos.
Esa entrada significó mucho para mí, no eran unos millones y ya está. Era el sacrificio de mi juventud, las fiestas perdidas, la ropa y zapatos que no me llegué a comprar, salidas a cenar nunca comida...
Hoy en día este piso se está pagando con el dinero de dos jóvenes que en un pasado decidieron tomar una decisión y renunciaron a TODO. A todo si, menos a un futuro. Futuro que nosotros mismos escribimos sin saberlo aquel día que nos enteramos de que se había "roto el cántaro de tanto ir a la fuente". Aquel día que decidimos formar una familia... Dejando atrás nuestro pasado, aquel pasado incierto en el cual mi marido y yo lúchabamos codo a codo para poder ofrecerle a nuestra hija una vida mejor, ofrecerle una seguridad que era de lo que mas carecimos.

     Hoy en día teniendo todo lo que tengo, que no me falta de nada, mi hija está bien de salud, miro atrás y doy gracias por haber sido así, por no haberme conformado con poco.
Dicen que las experiencias hacen al hombre, tanto las buenas como las malas...
Mi hija fue fruto de esa experiencia y no cambiaría ni un punto, ni una coma de su llegada a mi vida, ni por todo el oro del mundo.
Todo ésto sirvió para hacerme una mejor madre, hija y mujer, con lo cual todo lo que soy se lo debo a ella.

miércoles, 5 de enero de 2011

CUANDO LA BOCA CALLA... EL CUERPO HABLA

Muchas veces...
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.
El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Y tus dolores callados? Cómo hablan en tu cuerpo?
Elige alguien que te pueda ayudar a organizar las ideas, armonizar las sensaciones y recuperar la alegría.
Todos precisan saludablemente de un oyente interesado.
Pero todo depende, principalmente, de nuestro esfuerzo personal para hacer que sucedan mudanzas en nuestra vida.

De SUSPIROS DEL ALMA

viernes, 5 de noviembre de 2010

EL LIBRO DE LA MUJER: Sobre el poder de lo femenino.- Osho (Cap.8 ) Maternidad

 

Maternidad







¿Podrías hablar sobre la responsabilidad, para una mujer, de ser madre?



Ser madre es una de las mayores responsabilidades que hay en el mundo. Hay tanta gente en los divanes de los psicoanalistas, y hay tanta
gente loca en los manicomios y fuera de los manico­mios. Si profundizas en la
neurosis de la humanidad, siempre en­
contrarás a la
madre, porque hay tantas mujeres que quieren ser
madres pero no saben cómo serlo. En
cuanto la relación entre la madre y el niño
va mal, la vida entera del niño va mal, porque ese es su primer contacto con el
mundo, su primera relación. Todo lo
demás
estará en continuidad con ello. Y si el primer paso va mal,
la vida entera va mal...

Una mujer debería hacerse madre sabiendo lo que hace. Estás tomando una de las mayores responsabilidades que puede tomar un ser humano.

Los hombres son un poco más libres en ese sentido porque no pueden tomar la responsabilidad de ser madre. Las mujeres tienen más responsabilidad. Así que sé madre, pero no des por sentado que por el mero hecho de ser una mujer eres necesariamente una madre, eso es una
falacia.

La maternidad es un gran arte; tienes que aprenderlo. ¡Así que empieza a aprenderlo! Me gustaría decirte algunas cosas:



Primero, nunca trates al niño como si fuera tuyo, nunca lo poseas. Viene a través de ti, pero no es tuyo. Dios te ha usado como vehículo, como instrumento, pero el niño no es una posesión tuya. Ámalo, pero nunca poseas al niño. Si la madre empieza a poseer al niño, entonces se destruye la vida. El niño empieza a ser un prisio­nero. Estás destruyendo su personalidad y lo estás reduciendo a una cosa. Sólo una cosa puede ser poseída: una casa puede ser poseída, un coche puede ser poseído, nunca una persona. Así que ésta es la pri­mera lección, prepárate para ella. Antes de que llegue el niño debe­rías estar lista para recibirlo como un ser independiente, como una
persona por derecho propio, no simplemente como tu hijo o tu hija.



Y lo segundo: trata al niño como tratarías a una persona adul­ta. Nunca trates al niño como a un niño. Trata al niño con profun­do respeto. Dios te ha elegido como anfitriona. Dios ha entrado en tu ser como huésped. El niño es muy frágil, desvalido. Es muy di­fícil respetar al niño. Es muy fácil humillar al niño. La humillación resulta fácil porque el niño está desvalido y no puede hacer nada, no puede tomar
represalias, no puede reaccionar.

Trata al niño como a un adulto, y con gran respeto. En cuanto respetas al niño, no tratas de imponerle tus ideas. No tratas de im­ponerle nada. Simplemente le das libertad, libertad para explorar el mundo. Le ayudas a hacerse más y más poderoso en la exploración del mundo, pero nunca le das instrucciones. Le das energía, le das protección, le das seguridad, todo lo que necesite, pero le ayudas a alejarse de ti para explorar el mundo.

Y, por supuesto, la libertad incluye también el error. Es muy di­fícil para una madre aprender que cuando das libertad al niño no se trata sólo de libertad para el bien. Es también necesariamente la libertad para hacer mal, para cometer errores. Así que haz que el niño esté alerta, sea inteligente, pero nunca le
des mandamientos,
nadie los cumple, y
la gente se vuelve hipócrita. Así que si real­
mente amas al niño, lo que hay que recordar es: nunca, nunca le ayudes
de forma alguna, nunca le fuerces de forma alguna a vol­verse hipócrita.



Y lo tercero: no escuches a la moralidad, no escuches a la reli­gión, no escuches a la cultura, escucha a la naturaleza. Todo lo que es natural es bueno, incluso si a veces te resulta muy difícil, muy in­cómodo. Porque no te han educado según la naturaleza. Tus padres no te educaron con verdadero arte, amor. Fue algo accidental. No re­pitas los mismos errores. Muchas veces te sentirás muy incómoda...

Por ejemplo, un niño pequeño comienza a jugar con sus órga­nos sexuales. La tendencia natural de la madre es parar al niño, porque le han enseñado que eso está mal. Incluso si siente que no hay nada malo en ello, si hay alguien presente se siente un poco avergonzada.
¡Siéntete avergonzada! Ese es tu problema; no tiene nada que ver con el niño.
Siéntete avergonzada. Incluso si pierdes
respetabilidad
en la sociedad, piérdela, pero nunca interfieras con
el niño. Deja
que la naturaleza siga su curso. Tú estás ahí para fa­
cilitar lo que
la naturaleza vaya desarrollando. Tú no eres quién para dirigir a la naturaleza.
Estás ahí para ayudar.



Así son estas tres cosas... y empieza a meditar. Antes de que nazca el niño deberías entrar todo lo profundamente que puedas en la meditación.

Cuando el niño está en tu vientre, cualquier cosa que haces va continuamente al niño como vibración. Si estás enfadada, tu estó­mago tiene la tensión de la ira. El niño lo siente inmediatamente. Cuando estás triste, tu
estómago tiene la atmósfera de la tristeza.
Inmediatamente el niño se siente
apagado, deprimido.

El niño depende totalmente de ti. Del humor que estés tú, de ese humor está el niño. Ahora mismo el niño no tiene indepen­dencia. Tu atmósfera es su atmósfera. Así que no más peleas, no más enfados. Por eso digo que ser madre es una
gran responsabili­dad. Tendrás que sacrificar muchas cosas.

Ahora, durante los siete meses que vienen tienes que estar muy, muy alerta. El niño es más importante que ninguna otra cosa. Si alguien te insulta, acéptalo, pero no te enfades.

Di: «Estoy embarazada, y el niño es más importante que enfa-darme contigo. Este episodio pasará y a los pocos días no recordaré quién me ha insultado y lo que he hecho.
Pero el niño va a estar al menos se­
tenta, ochenta años en el
mundo. Es un gran proyecto.» Si quie­
res, puedes
tomar nota de ello en tu diario. Cuando nazca el niño,
entonces te puedes enfadar, pero no ahora mismo. Simplemente di: «Soy una madre embarazada. No me puedo enfadar, no está per­mitido.» Esto es lo que yo llamo comprensión sensible.

No más tristeza, no más ira, no más odio, no más peleas con tu pareja. Ambos tenéis que cuidar del niño. Cuando hay un niño, vo­sotros dos sois secundarios; el niño tiene todas las preferencias. Porque va a nacer una nueva vida... y va a ser vuestro fruto.

Si ya desde el principio entra en la mente del niño ira, odio, conflicto, entonces estáis causándole el infierno. Sufrirá. Entonces es mejor no traer al niño al mundo. ¿Para qué traer un niño al su­frimiento? El mundo está en un sufrimiento tremendo.



En primer lugar, traer un niño a este mundo es algo muy arriesgado. Pero incluso si quieres hacerlo, al menos trae a un niño que será totalmente diferente en este mundo, que no será desgra­ciado, que al menos contribuirá a que el mundo tenga un poco más de celebración. Traerá un poco más de festividad al mundo... un poco más de risa, amor, vida.

Así que durante estos días, celebra. Baila, canta, escucha músi­ca, medita, ama. Sé muy suave. No hagas nada apresurado, con pri­sa. No hagas nada con tensión. Hazlo lentamente. Aminora el paso absolutamente. Va a llegar un gran huésped, tienes que recibirlo. God Is Not For Sale, cap 6

.



¿Cómo puedo cumplir mejor mi deber como madre?



No lo consideres un deber. Uno tiende a considerarlo un deber, y el día que lo consideras un deber, algo muere, algo con un valor inmenso desaparece. La relación se ha roto. Considéralo una cele­bración. El niño es un regalo de Dios. Sé respetuosa con el niño, no sólo amorosa, sino también respetuosa. Si no hay respeto, el amor
se vuelve posesivo. Si hay respeto, ¿cómo vas a poseer?

No puedes poseer a alguien a quien respetas. La idea misma es fea, irrespetuosa. Poseer a una persona significa reducirla a una cosa. Y una vez que el niño es tu posesión, te sientes cargada. En­tonces hay un
deber que cumplir, y luego las madres hablan du­
rante toda su vida de cuánto han hecho.

Una madre verdadera nunca dirá una sola palabra sobre lo que ha hecho, y no sólo no lo dirá: nunca siente que lo haya hecho. Lo ha disfrutado; se siente agradecida al niño. No es sólo el naci­miento del niño: simultánea-mente tú naces de una forma nueva, la madre nace. Un aspecto es el nacimiento del niño; otro aspecto es que ha nacido tu maternidad. El niño te ha transformado tremen­damente. Te ha dado algo. Ya no eres la misma persona. Hay una gran diferencia entre una mujer y una madre.

Así que sé amorosa, sé respetuosa, y ayúdale a crecer de tal forma que no le pongas trabas. Desde este mismo momento, des­de el mismo comienzo, hay que estar alerta sobre esto. Y recuer­da no repetir el mismo patrón que has aprendido de
tu madre.
Eso es muy natural porque
eso es lo que sabes sobre cómo debe
ser
una madre, y repetirás con tu niño la conducta de tu madre,
y eso será
un error. Sé absolutamente nueva. Olvídate de todo lo que has aprendido de tu madre; no sigas eso. Sé completamente nueva,
responde de forma nueva. Escucha las necesidades de tu niño y responde con unas cuantas nociones absolutamente cer­teras.

Una de ellas es: da amor, pero nunca des una estructura. Da amor, pero nunca des un carácter. Da amor, pero la libertad tiene que permanecer intacta. El amor no debería ser una invasión de su libertad. Nadie piensa
en la libertad de un niño pequeño, pero
¿cuándo pensarás en ello? Mañana seguirá siendo pequeño..., ¿pa­sado
mañana...? De hecho, la madre nunca considera a su hijo o hija como una persona adulta capaz de ser libre.
Nunca. Porque la distancia entre tú y el hijo o hija siempre seguirá siendo la
misma.
Si es una distancia de veinte años, seguirá siendo de veinte
años. Así que desde este mismo momento,
desde el mismo comienzo, sé respetuosa y dale libertad.

Y si a veces llora, no es necesario preocuparse por ello. Deja que llore, déjalo solo un poco. No es necesario correr siempre y es­tar siempre atenta para servirle. Eso parece amor, pero en realidad estás interfiriendo en su libertad. Puede que no necesite leche; a veces un niño simplemente llora. Un niño simplemente disfruta llorando, esa es su única forma de expresarse. No tiene lenguaje, ese es su
lenguaje; grita, llora. Deja que llore, no hay nada de malo
en ello. Está intentando relacionarse con el mundo. No trates de consolarlo, no le des el pecho inmediatamente. Si no tiene hambre, darle el pecho es como una droga.

Las madres usan sus pechos como una droga, ¿mm? El niño empieza a beber, se olvida de llorar y se duerme. Es cómodo, pero has empezado a
invadirle. Si no quiere la leche, si no está anhe­lándola, déjalo. Entonces nunca necesitará ninguna terapia esen­cial.
Las personas que gritan en la terapia esencial son las perso­nas con las que se interfirió durante su infancia
y nunca se les
permitió gritar.

Permíteselo todo y deja que sienta que es él mismo. Déjale más y más que sienta que es él mismo; interponte menos y menos en su camino. Ayúdale, nútrelo, pero deja que crezca por sí mismo. Incluso a veces, cuando sientas que va mal, no eres quien para juz­gar. Si va mal en tu opinión, esa es sólo tu opinión. Eso es lo que tú piensas. Puede que no vaya mal.

Él no está aquí en este mundo para seguir tu opinión. Y es muy fácil imponerle tus opiniones porque él está desvalido. Su supervi­vencia depende de ti; tiene que escucharte. Si dices: «No hagas eso», incluso si quiere hacerlo y se siente bien haciéndolo, tendrá que parar, porque es arriesgado ir contra ti.

Una madre verdadera permitirá a su niño tanta libertad que, incluso si quiere ir contra su opinión, se lo permitirá. Simplemen­te díselo con claridad: «En mi opinión eso no está bien, pero eres libre para hacerlo.» Déjale que
aprenda con su propia experiencia.
Así es como uno se hace
realmente maduro; de otra forma la gen­
te sigue
siendo infantil. Crecen en edad, pero no crecen en su
conciencia. De
forma que su edad física puede ser de cincuenta años, y su mente quizá es de sólo once, diez, doce años o algo así.
Trece años es la edad mental media de la gente. Eso significa que
dejan de crecer a esa edad, y esa es la media. En
el cálculo de esa media se incluye a Albert Einstein y a los Budas y a los
Cristos. Si piensas en personas reales, su edad mental es muy baja. Viene a ser
de unos siete u ocho años; alrededor de los siete años el niño se para. Y nunca crece, simplemente sigue.

Dale tu amor, comparte tu experiencia, pero nunca le impon­gas nada. Y entonces crecerá y será una bella persona. Don't Look Befare
You Leap,
cap. 30..







Cuando di a luz a mi primer hijo, sentí que y o también estaba naciendo de alguna manera. ¿Puedes hablar so­bre el nacimiento de una madre?

Siempre que nace un niño, no sólo nace el niño -esa es una par­te del asunto-; también la madre nace. Antes era una mujer co­rriente; mediante el nacimiento se convierte en una madre. Por una parte nace el niño; por la otra, nace la madre. Y una madre es to­talmente diferente a una mujer. Existe una diferencia, toda su exis­tencia se vuelve cualitativamente diferente. Antes puede que fuera una esposa, una amada, pero de pronto eso ya no es importante. Ha nacido un
niño, ha llegado un nuevo tipo de vida: es madre.

sábado, 30 de octubre de 2010

EL SACO DE CARBÓN

Un día, Jaimito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre, lo llamó. Jaimito, lo siguió, diciendo en forma irritada: - Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le de...seo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!
Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo: - Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos.
- ¡No acepto eso!.... Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.
El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso: - ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.
El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como el tendedero estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.
Cuando, el padre regresó y le preguntó: - Hijo ¿Qué tal te sientes?
- Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.
El padre tomó al niño de la mano y le dijo: - Ven conmigo quiero mostrarte algo. Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo.... ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos.
En ese momento el padre dijo: - Hijo, como pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.
Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras. Ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones.
Ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos.
Ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter.
Y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá tu destino.
Anónimo.

martes, 14 de septiembre de 2010

"El pescador y el hombre de negocios"

Un hombre llegó a casa del trabajo tarde otra vez, cansado e irritado, para encontrar a su hijo de 5 años que lo esperaba en la puerta.
"Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?"
-Sí, claro, ¿qué es? ", Respondió el hombre.
"Papá, ¿cuánto dinero ganas en  una hora? 
"Eso no es asunto tuyo! ¿Qué te hace preguntar una cosa así? ", Dijo el hombre con enojo.
"Sólo quiero saber. Por favor, díme, ¿cuánto ganas en una hora? ", Suplicó el chiquillo.
"Si quieres saberlo, gano 20,00 dólares por hora."
-Ah-respondió el niño, la cabeza inclinada. Mirando hacia arriba, dijo: "Papi, ¿puedo pedirte prestado $ 10.00 por favor?"
El padre se puso furioso.  "Si la única razón por la que querías saber cuánto dinero gano es sólo para que me puedas pedir prestado algo para comprar un juguete tonto o alguna otra tontería, entonces marcharte a tu habitación y  acuestate.” Yo trabajo largas y duras horas todos los días y no tengo tiempo para tales juegos infantiles. "  
El niño en silencio se fue a su habitación y cerró la puerta.  El hombre se sentó y comenzó a pensar en la loca historia del niño haciéndole preguntas. ¿Cómo se atreve a hacer preguntas tales sólo para obtener algo de dinero?
Después de una hora o así, el hombre se había calmado, y comenzó a pensar que podría haber sido un poco duro con su hijo. Tal vez había algo que realmente necesitaba comprar con $ 10.00, y  no pedía dinero muy a menudo. El hombre se dirigió a la puerta de la habitación del pequeño y abrió la puerta.
"¿Estas dormido?", Preguntó.
"No papá, estoy despierto", respondió el muchacho.
"He estado pensando, que tal vez yo fui demasiado duro contigo antes," dijo el hombre.  "Ha sido un día largo y me tomé la molestia de conversar contigo. Aquí tienes los 10,00 dólares que me pediste. "
El niño se enderezó, radiante. "Oh, gracias papá!", Gritó.  Entonces, de debajo de la almohada, sacó un poco más dinero.
El hombre, al ver que el muchacho ya tenía dinero, empezó a enfadarse de nuevo.  El niño poco a poco contó el dinero, y luego miró al padre.
"¿Por qué quieres más dinero si ya tenías?-Gruñó el padre.
-Porque no tenía suficiente, pero ahora sí ", respondió el niño.
"Papá, tengo 20,00 dólares ahora. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? "

Benseddik

domingo, 11 de abril de 2010

HOMBRES MALOS

      Una mujer debe amar a un hombre malo una o dos veces en su vida para estar agradecida a uno bueno.    MAJORIE KINNAN RAWLINGS.


      Un hombre no tiene por qué ser un traficante, un chulo, un barriobajero, un mujeriego, un violador un asesino o un pederasta para merecer el calificativo de malo. Un hombre malo es cualquier hombre que, repetidamente, te trata mal o te hace sentir mal, estés  con él o sin él. Sobre todo, si no estás con él. Reconocerás a ese canalla porque el olor de algo ligeramente podrido se cierne en su despertar.
      Un hombre malo puede ser un hombre cuerdo o un santo. Un hombre malo puede ser un cura, un poeta, un filántropo o un político. Un hombre malo puede ganar el premio Nobel de Medicina o el Oscar al mejor director. Un hombre malo puede ayudar a los pobres o a las ballenas. Un hombre malo puede ser el marido de cualquier mujer, menos el tuyo. Como subraya sucintamente Anna Quindlen: "La testoterona no tiene que ser algo tóxico". Evidentemente, ésta es la leccion que hemos escogido para aprender en esta vida de mujer.
       Los hombres malos son bendiciones espirituales disfrazadas, que nos han sido enviadas para enseñarnos, a través del tormento, a querernos a nosotras mismas....
                                           Sarah Ban Breathnach   HACIA EL ALMA ESENCIAL

lunes, 11 de enero de 2010

LA ENERGIA...LA LUZ



...Que toda la energía necesaria se haga presente para...
Saber como se es el instrumento algunas veces algo desafinado y otras como puede salir la mas hermosa melodía de tus manos...de tu ser...
Acepatar que has decidido ser así, con sus costumbres, enseñanzas, maneras de ser, sentir,  pensar...
Pedir permiso siempre para todo, estar agradecido y a partir de ahí dejarte guiar por seres de Luz, para poder ayudar a otros...
Ser ese instrumento, y dejar fluir la energía que te canalizan para poder transmitirla con amor a ese ser que lo necesita.
Sentir como entra por tu cabeza y te inunda, te llena y sale por tus manos. Esa luz dorada blanquecina que da tanta calor y como con cada ser la intensidad varía, al igual que el ser de Luz que te acompañe en ese momento...
Todo acompañado de la paz, la tranquilidad, el amor...
De todas las cosas bonitas que he aprendido y me siento mas agradecida...Gracias a todos los maestros a lo largo de mi camino.

domingo, 10 de enero de 2010

LOS REVES DE LA VIDA

    Algunas veces la vida nos pone en situaciones un tanto delicadas por alguna razón desconocida para nosotros, es como si se pudiera cambiar el transcurso de ésta en tan solo minutos...
Como pasas de tener algo que quieres y estás aferrado con todas tus fuerzas a perderlo...Sin entender muy bien los motivos, sin saber lo que sucede pegándote un revés a mano llena y sin saber por donde te viene.
    Cuando sucede ésto, no sabemos reaccionar, nos aturdimos por es simple hecho de no entender y ése es el mayor error, pues al no reaccionar, es cuando verdaderamente perdemos. Siempre hay que intentar luchar por éso que queremos tener, por la persona a la que queremos y no darnos por vencidos a la primera de cambio.
    En suestión de segundos la mente trabaja al 200%, imaginando lo que es y lo que no...Pero siempre hay que escuchar a esa voz interior que te da la otra contestación a lo que sucede y hacer caso de ella, normalmente no se equivoca. Gracias a esa voz se pueden llegar a superar los obstáculos que te pueden cambiar la vida en cuestión de minutos.
    Me alegro de escucharla y quien me acompaña también y poder así solucionar estos obstáculos que se interponen entre nosotros y a la vez, poder aprender de ellos y valorar mucho más nuestros sentimientos.

lunes, 4 de enero de 2010

CUENTO SOBRE LA LLUVIA


En una tarde de Domingo, el cielo se cubría de vez en cuando de relámpagos y los niños miraban a través de la ventana con los ojos abiertos como platos... Al pequeño le daba miedo de ellos e iba corriendo a refugiarse con su madre... Mientras tanto los otros dos empezaban a contarlos, distraídos y divertidos por las admirables ráfagas.
Para cuando empezaron los truenos el niño empezó a temblar y le preguntaba a su madre muy asustado qué era lo que ocurría. La madre le contestó:
-Cariño, los Ángeles están jugando ahí arriba en el cielo con las luces, ¿ves?, otra vez las han encendido.
-Pero mami, ¿por qué ese ruido después?
-Pues porque Dios se enfada con ellos, escucha...
-Pero, mami, ¿por qué está lloviendo?
-Porque los Ángeles se han asustado después de haberlos regañado Dios y ahora están llorando.
El niño empezó a dejar de temblar conforme la madre le iba hablando, contándole esa pequeña mentira. Miraba, absorto en sus pensamientos de un niño pequeño, con la boca abierta tras la ventana, al ratito hubo otro relámpago y el niño ya más tranquilo y sonriente les comentaba a sus hermanos y madre:
-Mirad los Ángeles no dejan de jugar con las luces, como se entere Dios les va a regañar y se va a escuchar el ruido grande...
...Desde entoces, al pequeño no le dan miedo las tormentas y cuando las hay,sonriendo me dice:
-Mami, ya están otra vez los Ángeles...